Estudio documental · 1766–1778
Dom Bédos y el arte de notar cilindros
Un monje benedictino, organero, escribió el tratado más completo del siglo XVIII sobre cómo se hace un órgano. En su última parte enseña algo más raro: cómo escribir música en un cilindro con puntas y puentes de latón para que una serinette o un órgano la toquen solos, con sus silencios, sus adornos y su manera de respirar.
Fuente primaria. Todo lo que se resume aquí procede de L'Art du facteur d'orgues, IV parte, capítulos III y IV, en el ejemplar digitalizado por la Bibliothèque nationale de France. Las traducciones al castellano son nuestras.
El monje organero
Nació en Caux, cerca de Béziers, en 1709 y murió en París en 1779. Entre ambas fechas fue benedictino, constructor de órganos, perito de instrumentos ajenos y autor de una obra de referencia que los organeros siguen consultando.
François Bédos de Celles profesó como benedictino de la Congregación de San Mauro, la de los grandes eruditos de la orden. Su oficio, sin embargo, fue el de organero. Su obra mayor conservada es el gran órgano de la abadía de Sainte-Croix de Burdeos, construido entre 1744 y 1748: cinco teclados, pedal y cuarenta y cinco registros.
Aquel órgano tuvo una vida accidentada. En 1817 se trasladó a la catedral de Saint-André, sufrió reformas durante más de un siglo y en 1970 se decidió devolverlo a Sainte-Croix. Su restauración, terminada en 1997, se hizo siguiendo el propio tratado de Dom Bédos: el libro sirvió para reconstruir el instrumento de su autor.
Fue miembro de la Academia de Ciencias de Burdeos y, desde 1758, corresponsal de la de París. Por encargo de esta escribió L'Art du facteur d'orgues para la serie Descriptions des arts et métiers, la gran enciclopedia de oficios que la Academia publicaba en folio y con láminas grabadas.
El tratado apareció en cuatro partes entre 1766 y 1778. Las tres primeras explican el órgano de iglesia, desde la madera y el metal de los tubos hasta la armonización. La cuarta se ocupa de los órganos de salón, los de cilindro, el notado de cilindros, el forte-piano, el clave y la zanfona. Dom Bédos murió al año siguiente y está enterrado en Saint-Denis.
Lo que dejó escrito
El capítulo IV de la cuarta parte, «Manière de noter un cylindre d'orgue», trata la música como algo que se ejecuta, no como algo que se lee. Para él, cada nota tiene dos partes: lo que suena y el silencio que la separa de la siguiente.
Dom Bédos cuenta que, cuando iba a publicar esta parte, le llegó un libro recién impreso, La Tonotechnie, ou l'art de noter les cylindres (París, 1775), del agustino Marie-Dominique-Joseph Engramelle. Le pareció tan bueno que le pidió colaborar y reprodujo su método, «para no apropiarme de nada que le pertenezca». Agradece también al dibujante Goussier haber ideado la forma de representar el notado sobre fragmentos de cilindro, al lado de la partitura, y al organista Claude Balbastre haber tocado ante él varias piezas.
De ahí sale la idea central: toda nota se compone de una tenue, la parte que suena, y de un silencio. La tenue va siempre al principio y el silencio cierra la nota. Si el notador no mide ambos, el cilindro suena como una musette: un sonido continuo, sin articulación.
«Un dedo que acaba una nota se levanta a menudo mucho antes de posarse en la siguiente, y ese intervalo es necesariamente un silencio.»
L'Art du facteur d'orgues, IV parte, § 1420Y lo compara con el habla: las consonantes interrumpen el sonido de las vocales con pequeños silencios, y gracias a ellos se distinguen las sílabas. Un instrumento, que solo tiene «una vocal», necesita silencios todavía más variados para que su música se entienda.
Tenue y tactée
Hay notas sostenidas, las tenues, y notas que solo dejan oír su comienzo, las tactées. Para distinguirlas, Dom Bédos propone cantar la pieza con dos sílabas: ta para la tenue y la para la tactée.
Su regla: la tactée ocupa el primer cuarto de una corchea y el primer octavo de una negra. En los compases de 2 y 4 tiempos, las corcheas van por pares: la primera, tenue; la segunda, siempre tactée.
De ahí saca una consecuencia práctica: el grosor de las puntas no depende del valor de la nota, sino de lo que dura su tenue. La misma punta sirve de tenue a una corchea y de tactée a una negra.
Cada barra es una negra dividida en octavos. En dorado, la parte que suena; el resto es silencio de articulación. Tras una negra tenue queda solo un breve silencio (proporción aproximada); una corchea tenue suena la mitad exacta de su valor y una tactée, su primer cuarto.
Los silencios de articulación
Dom Bédos clasifica los silencios y les da medida. Advierte que no los encontrará «enseñados en ningún autor de música», y que el buen gusto puede variarlos.
| Silencio | Dónde va | Cuánto dura |
|---|---|---|
| De respiración | Al final de las repeticiones y de las frases | Una negra, o una negra con puntillo, en las repeticiones; una negra o una corchea con puntillo en las frases |
| De golpe de lengua | Tras las notas articuladas | Una corchea tras las negras; al menos una corchea tras las blancas; tres cuartos de corchea tras las corcheas |
| De picado (détaché) | Entre notas separadas | Una semicorchea, a veces algo más |
| De ligado | Entre notas unidas | Una fusa, a veces con puntillo |
| De cadencia | Entre los módulos de un trino | La mitad de cada módulo |
Añade la desigualdad de las corcheas, las notes inégales francesas: en casi todos los movimientos, la primera de cada par es más larga y la segunda más corta, más en las marchas que en los minuetos, sin que las dos juntas pasen del valor de la negra. Los adornos (cadencias, martellements, ports-de-voix) se descomponen en módulos que el notador cuenta uno a uno.
Puntas y puentes
En el cilindro, una nota corta es una pointe, una punta de latón clavada. Una nota larga es un pont, un puente: una grapa doblada cuya longitud es la de la tenue.
Dom Bédos describe un taller completo:
- El laminador aplana el hilo de latón redondo, tal como se compra, hasta el grosor deseado.
- La tenaza lo corta en trozos de cabeza cuadrada y cola aguzada.
- Cuatro pinzas graduadas doblan los puentes «en 20 tamaños distintos», que son todos los que puede hacer falta.
- Una caja de 24 casilleros guarda las puntas clasificadas, con una tapa que encaja en cada casillero para que no se mezclen al volcarla.
- Una aguja aplanada abre los agujeros en el cilindro y dos botadores, uno para puentes y otro para puntas, las hunden a la misma altura.
- El compás de reducción al cuarto, invento de Engramelle, mide sobre el propio cilindro el grosor justo de cada punta.
El orden de tamaños va de menor a mayor: las puntas más finas son para los módulos de cadencia; después vienen las tactées, las tenues cortas y, por último, los puentes.
«No se puede sino censurar la conducta habitual de los notadores, que se conforman con cuatro o cinco grosores de puntas, con las que ajustan sus aires bien o mal.»
§ 1435Critica también la costumbre de marcar todo el cilindro con tinta antes de clavar nada, distinguiendo los tipos con rayas inclinadas, e insiste en clavar cada aire con sus puntas. El cilindro se forra de papel blanco, pegado solo en el solape con engrudo de harina, y sobre ese papel se marca la posición de cada punta antes de picar.
El cuadrante
Para saber dónde va cada punta, Dom Bédos fija bajo la manivela un disco de cartón dividido, el cadran. Cada división de ese disco es una unidad de tiempo sobre la circunferencia del cilindro.
Los cuadrantes habituales se dividen en 8, 9, 10… hasta 24 partes, y con ellos, dice, «no hay aire que no pueda notarse». Se hacen con dos cartones superpuestos y agujeros para cambiar las cifras de sitio, de modo que un mismo disco sirve para varias combinaciones.
El cálculo es siempre el mismo. Se cuenta cuántas divisiones necesita la pieza (compases × negras × divisiones por negra) y se busca el cuadrante que, multiplicado por las vueltas de manivela de una vuelta de cilindro, iguale o supere esa cifra. Lo que sobra queda como silencio al final, antes de cambiar de aire.
Su ejemplo: en una serinette, la manivela da 40 vueltas por cada vuelta del cilindro, y cada vuelta de manivela dura medio segundo. Un cilindro dura, pues, 20 segundos, y ningún aire de serinette debe pasar de ahí. Una marcha de 20 compases a 4 negras, con 5 divisiones por negra, pide 400 divisiones: 400 entre 40 da un cuadrante de 10.
Calcula tu cuadrante
Aplica la regla de Dom Bédos: el cuadrante más pequeño, entre 8 y 24, que cubra todas las divisiones de la pieza.
Una interpretación de 1778
El ejemplo final del capítulo es una pieza entera, la Romance del organista Claude Balbastre, notada para un gran cilindro de órgano. Con ella, el tratado deja escrita una manera concreta de tocar esa pieza.
El cilindro mide 33 pulgadas de diámetro, unas 103¾ de circunferencia. La Romance tiene 50 compases en la lámina, pero hay que escribir las repeticiones seguidas, «sin ningún reenvío»: 68 compases en total. Dom Bédos anota que Balbastre la toca normalmente en 2 minutos y 45 segundos, así que el cilindro debe dar la vuelta en 165 segundos.
Con una rueda de 206 dientes (206 vueltas de manivela), 272 negras y 9 divisiones por negra, elegidas porque el bajo divide las negras en tercios, salen 2448 divisiones. El cuadrante de 12 da 2472: sobran 24 divisiones de silencio al final, más o menos la pulgada libre que hace falta para cambiar de aire. De ahí deduce el grosor de las puntas más finas: un cuarto de línea.
Las láminas CXX a CXXVII desarrollan el cilindro como un plano: cada columna es una tecla, cada fila un tiempo, y cada trazo una punta o un puente. Esto permite oír hoy, casi nota a nota, la articulación, los adornos y la desigualdad que un músico de 1778 consideraba correctos.
Su valor como testimonio se discute. La musicóloga Rebecca Cypess sostiene que el proyecto de Engramelle, presentado como un registro exacto, es también una puesta en escena de la ciencia ilustrada, y que la notación de la pieza de Balbastre plantea dudas sobre la precisión del método. Ilustra la ambición de su época más que garantizarla.
Descargas
El extracto del notado de cilindros está alojado en esta web. Los tres volúmenes completos pesan más de 60 MB cada uno y se enlazan en Gallica, la biblioteca digital de la BnF.
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El arte de notar cilindros · IV parte, cap. IV, con las láminas C–CXXVIIExtracto del ejemplar de la BnF: portada, capítulo completo (pp. 593–633) y 28 láminas. PDF, 75 páginas, 17,8 MB.Descargar PDF
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L'Art du facteur d'orgues · I parteGallica, BnF · 330 páginasVer en Gallica ↗
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L'Art du facteur d'orgues · II y III partesGallica, BnF · 471 páginasVer en Gallica ↗
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L'Art du facteur d'orgues · IV parteGallica, BnF · 288 páginas. Órganos de salón y de cilindro, notado, forte-piano, clave y zanfona.Ver en Gallica ↗
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Engramelle, La Tonotechnie ou l'art de noter les cylindres (1775)El libro en que se basa el capítulo. IMSLP.Ver en IMSLP ↗
Reproducciones de la Bibliothèque nationale de France. Según sus condiciones, la reutilización no comercial es libre manteniendo la mención «Source gallica.bnf.fr / BnF», que se conserva en cada lámina y en el PDF.
Lecturas
Para seguir el hilo, del tratado a la musicología actual.
- Bédos de Celles, François. L'Art du facteur d'orgues. París, 1766–1778, 4 partes (Descriptions des arts et métiers). IV parte, cap. III («Des orgues à cylindre») y cap. IV («Manière de noter un cylindre d'orgue»).
- Engramelle, Marie-Dominique-Joseph. La Tonotechnie ou l'art de noter les cylindres. París: Delaguette, 1775.
- Cypess, Rebecca. «“It Would Be without Error”: Automated Technology and the Pursuit of Correct Performance in the French Enlightenment». Journal of the Royal Musical Association 142, n.º 1 (2017).
- Sobre el órgano de Sainte-Croix de Burdeos (1744–1748) y su restauración por Pascal Quoirin (1984–1997): ficha de Musique Orgue Québec.